Secadoras

Un secado bien hecho es tan importante como el cultivo mismo: la flor pierde entre el 70 y el 80% de su peso en agua y necesita hacerlo despacio, en torno a dos semanas, para conservar terpenos y cannabinoides. Las mallas de secado, redondas o apilables como las de Growlet, con estructura perforada que deja circular el aire libremente, son la opción más económica y permiten ampliar la superficie de secado piso a piso según crece la cosecha.

Los armarios y secadoras específicas añaden control de humedad y oscuridad total, dos factores que evitan la degradación de terpenos por la luz y aceleran un secado uniforme sin puntos húmedos que favorezcan el moho. Un secado lento y controlado es el paso previo imprescindible para un curado perfecto en tarro.

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